Arrancó la campaña 2027 y hay malas noticias (para todos)

No en los papeles, claro está. Aunque sí en los hechos; y eso se plasmó este finde. Llaryora frente a dos enemigos: su ansiedad y el arrastre del modelo. Los libertarios con un Bornoroni agrandado dicen que “no hay plan B”. De Loredo, si va al rebote, puede tener premio.
Política04 de mayo de 2026Gabriel SilvaGabriel Silva
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La pregunta que se disparó esta semana en la política cordobesa es “¿quién carajo va a ser gobernador en un año?”. Porque es muy probable que a esta altura del 2027 ya sepamos quién va a gobernar la provincia los siguientes cuatros años.

Y la sensación que sobrevuela después de este finde XL es que la carrera ya empezó: Llaryora está en modo campaña y lo dejó en evidencia, ya no sólo con los discursos, sino también con las recorridas; Bornoroni está arriba de la ola y muchos -incluso los que están cerca- lo notan agrandado, sobrado. Con ese perfil del libertario, Juez no tiene otra salida que jugar un rol secundario y esa incomodidad es visible; mientras que, De Loredo, con una jugada a tres bandas, se sostiene con más esperanzas y necesidades, propias y ajenas.

Llaryora frente a un fantasma: su propia ansiedad

Está claro, y lo admiten sus funcionarios, que el liderazgo de Llaryora es desordenado. Cualidad que queda en evidencia cuando llegan encuestas que, según los despachos del Panal, muestran que la imagen de Milei en Córdoba está cayendo.

Ese apuro lleva al gobernador a pensar en una multiplicidad de escenarios que van desde votar temprano y protagonizar la pelea él también en el plano nacional -un salto que no dio Schiaretti en el 2019-; pero es un riesgo que otros en el cordobesismo no le va a dejar dar. Por lo menos, lo van a aconsejar para que eso no suceda. Más aún si prosperan las conversaciones entre Macri y Schiaretti para tallar un candidato de centroderecha que obligue a Milei a negociar y sea un bloqueo a una proyección de Kicillof.

Igual, se sabe, Llaryora desoye consejos de los socios fundadores del cordobesismo. Tal vez por eso, hasta mandó tropa a la reunión del peronismo albertista en Parque Norte. Jugar par e impar en la ruleta no siempre sale bien.

Los otros dos frentes de Llaryora son la gestión y el arrastre. Con lo primero, esta semana fueron nítidos los ruidos en el PJ sobre la figura de su ministro preferido, Juan Pablo Quinteros. A los funcionarios de gestiones anteriores no les cayeron bien algunas declaraciones del titular de Seguridad.  

Lo del arrastre es clave. Es imposible instalar que es un modelo que arrancó en 2023.

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Bornoroni ¿o Bornoroni?

Libertarios que alternan estadía entre Córdoba y Buenos Aires aseguran que Karina no tiene ni va a empujar un plan B. Esto es: si quieren ganar el candidato será el diputado; si lo sacan de la boleta, será por un esquema blue que vaya por otro lado. Pero no van a poner alfiles puros en otros armados. No le darán el vice a nadie.

Así, la única estrategia está atada a la suerte y el destino del Gobierno nacional. Si no repunta la economía, la crisis continúa y la oposición nacional se muestra más homogénea, será complejo lo de Milei. Como así también lo de Bornoroni.

Igual, hay una frase de Juez en el locro que pegó: “lo único que me puede hacer cambiar de opinión es ver que no se quiere ganar la Provincia”. ¿Olfatea una negociación por abajo Juez, entre los libertarios y el PJ?

Sonó a un argumento muy 2023, es cierto.

Para peor, hay libertarios puros que dicen que la relación entre Juez y Milei se enfrió por una consulta que tiene que ver con los perros.

Por las dudas, el senador tiene la guardia alta.

De Loredo va al rebote

El tercio de fuerzas se cierra con el radical. Dicen que, en silencio, De Loredo reconstruyó relaciones con los libertarios porteños, que por las dudas no desactiva la relación con Macri y que apuesta a que Bornoroni no será el candidato.

Cierto es que entre ellos dos la relación está en su peor momento. Hay celos y egos no resueltos.

Libertarios y juecistas insisten con que la candidatura de De Loredo la financia El Panal. Por las dudas, algunos dicen que esa estrategia de Massa de dividir a la oposición con Milei en el 2023 se volvió incontrolable. Hay deloredistas que les gusta el ejemplo; les faltan los votos.

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