
Llaryora ordenó la tropa propia con el nombramiento de Calvo y va por el próximo objetivo: la intervención en la Capital
Gabriel Silva
Los que conocen los pasillos del Panal cuentan que había un clima irrespirable entre las distintas generaciones de funcionarios; también leída en la mayoría de los casos no sólo como una cuestión etaria, sino que las diferencias dentro del gabinete llaryorista incluían peleas de halcones y palomas. Los puros y los heredados; los que entendían que había que resetear y los que desbordaban de un optimismo que, muchas veces en base a encuestas, le trataban de exhibir al propio Martín Llaryora entre reunión y reunión.
Como lo contó en su momento El Búnker algo se rompió con el viaje del ministro de Economía, Guillermo Acosta, y al caldo de cultivo que se había generado por el crimen de Agostina le sucedieron una serie de errores que marcaron un profundo descontento.
Lo que derivó hace casi tres semanas en una reunión cara a cara entre Llaryora y el flamante jefe de Gabinete, Manuel Calvo. “Vos sabés lo que hay que hacer”, habrían sido las palabras del ahora ministro coordinador que llegó al despacho sabiendo de las operaciones que otros funcionarios le instalaron por el silencio en el caso del femicidio de la adolescente.
Ese know how estaba atado una vez más al orden que necesita toda gestión y que no se muestra como una de las cualidades de Llaryora a la hora de conducir. Existe, en el manual del sanfrancisqueño, casi un disfrute por mandar a varios jugadores a la cancha en una misma misión y se enteran prácticamente cuando están todos ejecutando la misma.
Eso es lo que desde el 2023 hasta acá no trajo resultados. Como tampoco los arrojó el famoso “lo pidió Martín” del que se apropiaron varios y exasperó a otros tantos.
“Eso no corre más. Esa bala queda en la cartuchera de uno solo ahora y no corre más el ‘lo pidió Martín’”, confió un funcionario que prefiere obviar las razones de fuego amigo que derivaron en la reestructuración del gabinete llaryorista.
Es imposible soslayar que, además de todo esto, el ingrediente nacional por el cual Calvo terminó empoderado fue el objetivo de ‘santillizar’ a un funcionario con roce para jugar en la negociación con Casa Rosada discusiones que, por ahora, son fondos y financiamiento; pero que en un par de meses serán electorales. Llaryora confió en Calvo esa carta.
Sin embargo, a esa misión nacional Llaryora le debe sumar ahora el comando para desplegar el objetivo de máxima de acá a diciembre: intervenir de manera cuidadosa la Ciudad y remontar la gestión de Passerini. Como sea.
Ese comando ya está, existe y es el grupo de funcionarios que se reúne de manera cada vez más periódica y que tiene en esa mesa, entre otros, a los ministros Juan Pablo Quinteros y Miguel Siciliano. Y donde, cada vez más, se repiten comentarios que derivan en analogías acerca de cómo hacía en ese caso la gestión de Llaryora y cómo se le dificulta ahora para resolverlo a Passerini.
Surfear la ola libertaria, garantizar respaldo a cambio de objetivo de reelección -allá y acá- y lograr la remontada capitalina son las misiones de un segundo semestre que para Llaryora ya arrancó. Antes de que termine el Mundial.


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