
Vamos rumbo a una campaña inédita: bienvenidos al barro
Gabriel Silva
Se sabe poco de candidatos y menos de fecha de la elección provincial 2027. Sin embargo, lo que sí está claro es que la campaña provincial tendrá un cariz inédito; un escenario con corrimiento de todos los límites y la irrupción de nuevos actores que vislumbran una guerra por los votos con nulos antecedentes en Córdoba.
Por caso, los ejemplos de lo sucedido en un puñado de días en la Unicameral con José Villarreal y Omar Ludueña, los militantes de peronismo y el radicalismo que luego se reconvirtieron en staff legislativo deja en evidencia que habrá carpetazos. Para todos.
Esa es la dinámica que la generación heredera del cordobesismo y la camada opositora avizoran para disputar el deseado despacho principal del Panal.
Esta semana, y tras varias jornadas acuciantes para el oficialismo provincial con los horrorosos detalles de la causa de abuso sexual que tiene involucrado al entorno del exlegislador ‘Cañito’ Flores, el peronismo respiró. Por un lado, tendió la mano para una apertura celestial con motivo de la llegada del papa León XIV en noviembre próximo; por el otro, se encontró con una compleja denuncia por violencia de género en alguien que reporta en una de las oficinas más vehementes de la oposición: la de la legisladora deloredista Alejandra Ferrero.
El rol de Ochoa, pero sobre todo la pertenencia a la facción radical que responde de manera directa a Rodrigo de Loredo llevaron a algunos legisladores del PJ a creer que eran motivos suficientes como para tentarse con una comparación. Un pecado para tapar otro pecado.
Del lado del radicalismo, el boomerang en el que se convirtió todo lo dicho por Villarreal alteró el clima en una realidad paralela a lo convulsionada que ya viene la atmósfera rojiblanca por la interna. Hablaron de más; suele pasar.
Para colmo, Ferrero, que desde su licencia hasta había dado alguna nota pidiendo la salida del peronista Flores, tuvo que terminar poniendo la cara por Ochoa. Gajes del oficio.
Aunque, sí es cierto que la UCR actuó más rápido. La concejala Elisa Caffaratti se puso de inmediato a disposición de la víctima, acompañó la acusación y De Loredo tomó contacto con espadas judiciales. Se interiorizó en los despachos; sin embargo, la mujer dijo este viernes que a ella no la atendió.
Con la tormenta desatada también intentaron actuar rápido con algo que en esta era es clave: le cerraron los perfiles en redes sociales a Ochoa. Fundamental. Más aún porque el peronismo no aprendió del caso Barrelier y cuando estalló lo de Villarreal, el asesor de ‘Cañito’ Flores tenía fotos con todos. Incluso, con algunos radicales.
¿Ahí será donde entra a jugar la granja que se activa desde Planta Baja? Dicen que hay un lobbista, muy vinculado en su momento a algunos ministros e intendentes del peronismo que promete resultados con la granja de trolls; el juguete nuevo de algunos llaryoristas.
Saber jugar, sin margen para volver a atrás
La campaña en modo barro que ya palpita el arco político cordobés tuvo la frutilla del postre con la publicación de la exdiputada radical Soledad Carrizo, que hoy abreva en aguas libertarias desde una dirección del Inaes. El viernes por la mañana, y en pleno quilombo por el empleado legislativo de la UCR se le ocurrió tuitear la foto del acto por De la Sota con todos los presentes caracterizados como cucarachas. Desde Schiaretti a Massa, pasando por el exministro de la Corte, Maqueda; y el gobernador Llaryora.
Una jugada arriesgada para una jugadora que no toca esa tecla. El vendaval era previsible y arrancó por dirigentes del peronismo nacional como el diputado Germán Martínez, hasta la locutora y tuitera K, Marcela Feudale; pero también hubo memoriosos en el radicalismo y otros peronistas que conocen a Carrizo del norte. Es el caso de Tania Kyshakevych.
Entre las perlitas del archivo, su pasado como intendenta K en tiempos de transversalidad de Néstor Kirchner. Parece que se le fue larga; dicen que hubo arrepentimiento.
Lo dicho: la campaña 2027 será en el barro. Y no será fácil, ya no sólo mantenerse en pie; sino evitar enlodarse en plena disputa.


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