
Llaryora, Schiaretti y Massa juntos: qué esconde la ausencia de Natalia de la Sota
Andy Ferreyra
La foto del homenaje a José Manuel de la Sota funcionó, para buena parte de la dirigencia peronista consultada, menos como un acto de conmemoración que como una fotografía de posicionamientos. La confluencia de Martín Llaryora y Juan Schiaretti con Sergio Massa y el círculo íntimo de Axel Kicillof -encabezado por Carlos Bianco- reforzó una hipótesis que circula desde hace meses en la mesa del peronismo cordobés: la necesidad de construir un espacio que se distancie tanto del kirchnerismo duro como del gobierno de Javier Milei, apoyado en el prestigio que aún conserva la matriz fiscal y productiva del delasotismo.
En ese esquema, la ausencia de Natalia de la Sota no pasó inadvertida. Dirigentes con despacho activo en el peronismo cordobés sostienen que la diputada nacional viene acumulando un desgaste con la conducción provincial por posturas asumidas en el último año y medio, y que ese distanciamiento explica más su falta que la agenda en Río Cuarto invocada públicamente. La lectura que se impuso puertas adentro es que el cordobesismo encontró en el homenaje una oportunidad para exhibir una foto de figuras de la que ella quedó afuera, sin necesidad de una confrontación directa.
Una segunda lectura, más matizada, ubica a Candelaria de la Sota como pieza involuntaria de ese tablero. Son varios los que sospechan que el entorno de Llaryora y Schiaretti supo leer la incipiente ambición política de la hermana mayor -su intención de proyectarse en el debate público con un ciclo propio- y capitalizó esa ventana para profundizar el aislamiento de la diputada, más que por afinidad genuina con el proyecto comunicacional de Candelaria.
La presencia de Massa admite, a su vez, una tercera clave de lectura. Voces del propio armado descartan que el líder del Frente Renovador haya asistido para exponer a Natalia, con quien mantiene un vínculo político sostenido desde que la respaldó en su candidatura a diputada. La interpretación que gana terreno es la de un Massa en clave de acomodamiento: mide sus fichas de cara a una eventual construcción hacia 2027 y no descarta ningún interlocutor, incluidos Llaryora y Schiaretti, sin que eso implique un gesto de desafección hacia la hija del fallecido exgobernador.
La ausencia de referentes históricos del delasotismo original, como dirigentes que acompañaron a José Manuel de la Sota desde sus primeros gobiernos, sumó otra capa de análisis. Aunque las justificaciones remiten a cuestiones de salud, viajes o agenda, en el peronismo cordobés no faltó quien vinculara esas faltas con una lealtad tácita hacia Natalia, en un momento en que la diputada consolida un armado propio con diputados nacionales y estructuras territoriales que no responden a la gobernación.
El resultado es una interna que combina, en dosis difíciles de separar, disputa fraternal, ambición personal y estrategia de partido. El homenaje sirvió como excusa y como escenario: permitió al cordobesismo mostrar una convocatoria amplia hacia 2027 (sin kirchnerismo) y, de paso, dejó a la vista una fractura entre las herederas del delasotismo que el peronismo provincial parece dispuesto a explotar más que a resolver.


Passerini tensa la cuerda con UTA y amaga con descuentos: "Las paritarias se cierran en Buenos Aires, pero se pagan en Córdoba"

Llaryora quiere cerrar a la Selección con Messi en el combo

Bugliotti: “Lo que no tiene que hacer Milei es cometer la torpeza de devaluar”



