A 35 años del asesinato de Regino Maders, el crimen que inició la caída del angelocismo

La impunidad como símbolo y el principio del fin para el radicalismo en la provincia. Un crimen, la re-reelección de Angeloz a los dos días y la aparición de un oustsider en los comicios del ’95: el ex juez Johnson, candidato a gobernador el PJ con Oscar González como compañero de fórmula. Esto es Archivo Desclasificados, de la isla al cordobesismo. 
Política04 de septiembre de 2026Gabriel SilvaGabriel Silva
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Hay nombres que marcan una época. Independientemente de los motivos, la política está atravesada por protagonistas de distintos casos e investigaciones que germinaron en la caída, los finales de algún período. Sin que esto signifique que dicho ocaso deba tomarse con una literalidad inmediata.

El caso Maders es una marca, la mácula que predestinó el final. Primero del angelocismo, más allá de los resultados de esas elecciones prácticamente en simultaneidad con los primeros trazos de una investigación fallida; y casi una década más tarde se convirtió en uno de los tantos hechos que motorizó la caída definitiva del radicalismo en la Provincia.

Fue en los primeros minutos de la madrugada del 6 de septiembre de 1991. El ex senador provincial Regino Maders llegó a su casa de Larrauri 3695 de barrio Residencial Vélez Sarsfield. Entró su Renoleta en el garage y cuando estaba por ingresar por la puerta del domicilio dos certeros balazos lo atraviesan e impactan en la abertura.

Murió minutos después a pesar de que, según testimonios de vecinos, un patrullero intentó llevarlo al Hospital Privado.

Al otro día, la noticia escala con una velocidad muy distinta a la de estos tiempos. Sin redes sociales, ni la penetración del cable y la ausencia de medios digitales, la agenda periodística se debate entre el crimen del hombre que formaba parte del directorio de Epec por esos días y los cierres de campaña de horas antes. Sí, dos días más tarde, ese mismo domingo, Angeloz iba a lograr su re-reelección e iniciaría su tercer mandato. El poder absoluto.

Algo que, años después, el propio Angeloz calificaría como “un error político irreparable”.

La que llevó a la reelección a Angeloz con Grosso como vicegobernador y Rubén Martí como intendente. En la Casa Radical estuvieron, entre otros, quien era el vicegobernador de ese momento, Mario Negri; y Luis Medina Allende, uno de los funcionarios más poderosos del radicalismo.

Como en otros casos donde la política jugó su rol, no se preservó la escena del crimen. Angeloz tardó seis meses en recibir a los Maders, la familia de un ex senador de su propio espacio asesinado después de un cierre de campaña.

Quizá por eso, la reconstrucción del crimen se hizo recién ocho años más tarde, con Ramón Bautista Mestre como gobernador, enemigo acérrimo de Angeloz en la interna del radicalismo; y los juicios se extendieron hasta casi 20 años más tarde.

El único con condena fue el ex policía Hugo Síntora. Recién en 2005 lo condenaron a perpetua y murió el año pasado afectado por un cáncer de colon que le había dado la posibilidad de un arresto domiciliario.

En la política, la familia apuntó a apellidos con mucho peso de aquel momento en el radicalismo, pero el único que llegó a un juicio signado como autor intelectual fue Medina Allende. En 2008 fue absuelto por “el beneficio de la duda”.

Angeloz no sólo ganó dos días más tarde, también derrotó al peronismo en las Legislativas del ’93 y su sucesor, Mestre se impuso en el ’95 con una transición tumultuosa a un curioso outsider que presentó el peronismo: Guillermo Johnson, el primer juez de la causa.

Acompañado en la fórmula con un apellido vigente hasta hace sólo cuatro años: Oscar González fue su candidato a vice. La derrota del peronismo le dio cuatro años más al radicalismo, pero sin el angelocismo y con causas que se fueron multiplicando.

Cuando fue asesinado, Maders estaba detrás de una investigación que involucraba a Epec y otra relacionada con el juego. Nunca se pudo saber el móvil, tampoco el autor intelectual. La única certeza es que se convirtió, para el radicalismo, en el principio del fin.

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