
Milei, Llaryora, Passerini y Adorni piden, a gritos, un Mundial eterno
Gabriel Silva
Probablemente sea un hecho inédito en la historia reciente: con el arranque de Mundial, no hay clima de Mundial. Y eso, lejos de preocupar a miles de fanáticos en un país futbolero como el nuestro, lo que realmente ocasiona es un profundo malestar en quienes gobiernan en los distintos estamentos que atraviesan crisis de la que parecen estar lejos de salir.
Javier Milei, Martín Llaryora y Daniel Passerini necesitan con urgencia, ya no que la pelota empiece a rodar en el marco de la Copa del Mundo 2026, suplican que eso ocurra con el seleccionado argentino adentro de la cancha. Cuanto antes.
Para ver si de esa manera se empiezan a apagar los focos activos que van desde la endeble argumentación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, acerca de cómo amasó una fortuna en bitcoins durante años; hasta las implicancias y consecuencias políticas del crimen de Agostina Vega. Femicidio que, como se sabe, tuvo un correlato muy fuerte en la política local en el último tiempo, y no sólo por el enfrentamiento con munición gruesa entre oficialismo y oposición; sino con balas de un fuego que por ahora es amigo dentro del PJ.
Lo de Adorni es bochornoso por donde se lo mire. Al jefe de Gabinete no le cierra el blanco, el negro y tampoco el archivo. El Adorni del pasado le dice en videos que se hicieron virales de ‘X’ al Adorni del presente que “no entiende” y no está “muy metido en el tema” de las criptomonedas. Con lo cual, si la explicación mediática carece de solidez, acerca de esa inversión de 200 mil dólares; imaginemos cuán peor puede ser la defensa judicial. La que realmente importa para un tipo que ya es un cadáver político.
Y al que los propios, más aún los libertarios cordobeses, esperan que Milei lo tire cuanto antes por la ventana. Si es posible, acelerando y en la curva, como le gustaba decir a alguien del PRO en tiempos de Cambiemos al frente del Gobierno nacional.
Uno de los urgidos por esto es Luis Juez, que ya lo sostiene públicamente y quien en el rol crítico es mucho más parecido a lo que dice Patricia Bullrich.
Lo de Gabriel Bornoroni, en cambio, sigue confuso. No llegó la orden desde Buenos Aires para responder qué hacer con Adorni y prefiere esperar. El tema es que esa quietud nacional lo arrastra en el plano local para una candidatura que necesita inflar y acelerar después del Mundial. Si es que realmente busca ser gobernador.
La crisis de los herederos del cordobesismo
Lo de Llaryora y Passerini también es complejo. Tanto el gobernador como el intendente no salen del fango por el caso Agostina con el ancla de los Barrelier que hay dentro del empleo público y sobre todo cómo llegan al Estado.
La explicación de ministros llaryoristas acerca del ingreso de becarios al Municipio también fue endeble cuando el intento de argumento fue que las incorporaciones se hicieron para sopesar los controles que hacía el Suoem con los empleados de planta permanente y esa guerra que hubo entre el sindicato y Llaryora entre el 2020 y el 2022.
Pero lo sucedido posteriormente al femicidio también es complejo. El liderazgo desordenado del que también se habló en esta columna hace meses hoy se ve reflejado en la falta de conducción en espacios de discusión, en la manera de comunicar, en las vocerías de los conflictos; incluso en la forma con la que trataron de instalar el calificativo de carancheo para cruzar a adversarios cuando tenían a los propios agarrándose a trompadas a sus espaldas y denunciando amenazas e intimidaciones.
El desgaste es visible.
Y para peor: se suman conflictos. En marzo, cuando en este sitio se dijo que la incomodidad en la convivencia entre el poder político y el judicial se iba a dar con decisiones que debía dar el TSJ referentes a salarios el caldo se iba a poner espeso. Está ocurriendo.
Porque es un error pensar que es una discusión circunscripta únicamente a la manzana de Tribunales I. El jueves, una persona que quería hacer una denuncia por un robo en una dependencia policial no se la tomaban porque el oficial de Justicia estaba de medida de fuerza.
Por todo esto, tanto para Milei como para Llaryora impera que el Mundial arranque. Pero que comience en serio y que, en lo posible, sea eterno.


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