
El multiverso Llaryora; todas las ventanas que abre y no cierra el gobernador
Gabriel Silva
La foto del viernes último en la explanada del Centro Cívico con motivo de la curiosa inauguración del Parque Papa León XIV era necesaria. En esto coinciden todos, más aún por la manera en la que volvieron los comentarios de pasillo en la interna del cordobesismo, justo en el momento en el que el gobernador Martín Llaryora está convencido de la tranquilidad que le genera el desaguisado opositor en Córdoba.
“En mayo, cuando fue la conferencia de prensa de Garzón por el caso Agostina casi que estábamos para armar las valijas. Hoy el panorama es otro y los problemas los tienen ellos”, se sinceró en la semana un influyente hombre del esquema de Llaryora.
En contrapartida, a esa sensación de optimismo que rodea al heredero del cordobesismo los fantasmas vuelven a aparecer por el lado de la línea fundadora; más precisamente del schiarettismo. Porque entre las dos bases que tiene el modelo -el delasotismo y el schiarettismo- Llaryora ensayó en las últimas semanas un fuerte acercamiento al esquema del primer gobernador del PJ desde el regreso de la democracia y estuvo cerca de las hijas de José Manuel de la Sota. De ambas.
Pero, además, siguió de cerca cómo los que estaban en el armado de Natalia de la Sota y fueron parte del gobierno de su padre, la descalzaron en las últimas semanas a la diputada. Tal es el caso de Hermán Olivero. Desacople que ya impactó en la Capital y que también incomoda al schiarettismo; en realidad, al viguismo.
Llaryora no desconoce nada. Y va. Pasa del gesto a Sergio Massa, a la búsqueda por “crear un Font en Colón”, como dijo un peronista a la hora de trazar una analogía entre la elección de Marcos Juárez y lo que debería hacer en el Gran Córdoba, para contrarrestar los llamados desesperados que los intendentes de esa zona hacen al diputado Gabriel Bornoroni; y de ahí, casi sin escala a una foto conjunta con los gobernadores no peronistas que sabe que irrita a la generación antecesora.
Casi un Provincias Unidas sin Schiaretti. Y ahí es donde entra el interrogante que más preocupa al entorno del exgobernador: ¿para qué? Con qué objetivo intentar armar algo, una especie de Paso en la que confluyan los mandatarios provinciales que no tienen una referencia común a nivel nacional y casi como admitiendo el fracaso de Schiaretti a la hora de convertirse en el líder de una cooperativa del Centro.
No hubo centrão con Schiaretti en el Congreso; fundamentalmente porque el cordobés perdió la elección de octubre, pero también porque no está claro qué relación quiere el exmandatario con la Nación. Y si el único objetivo personal es que no vuelva el kirchnerismo, probablemente en Casa Rosada tengan otros alfiles para practicar el juego preferido del Gobierno: partir al peronismo.
Entonces, acá es donde entra en escena la otra preocupación de la disputa intergeneracional del cordobesismo porque no la Vieja Guardia no ve tan sólido el alambrado que hicieron con De la Sota, con lo que sobrevuela la sensación de que a Córdoba entra cualquiera.
Lo que expone una teoría todavía más preocupante para el peronismo cordobés y es si Llaryora no está kirchnerizando el modelo. Algo que los veteranos ven como un riesgo letal; pero que en el llaryorismo devuelven con pragmatismo: “cuando hay que cantar la marcha se canta; cuando nos tenemos que poner un saco y guardar los símbolos lo hacemos. Pasó con Marcos Juárez y va a volver a pasar en Córdoba”, devuelven desde el optimismo.
La clave, en el schiarettismo pasa por ver cómo se armará la lista de legisladores nacionales y con quién van a encajar los diputados y el tramo al Senado de Llaryora. Por las dudas, y como lo contó Búnker esta semana: el armado a la Cámara alta negocia con Schiaretti, pero con él adentro. Si van de nuevo por Vigo, el acuerdo no será fácil.


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