
Llaryora habla con el PJ Nacional, ¿Santiago Caputo con Schiaretti?
Gabriel Silva
La relación entre el gobernador Martín Llaryora y su antecesor, el ahora diputado Juan Schiaretti no atraviesa un buen momento. Las diferencias sobre la gestión, los movimientos en el Congreso y el reseteo del gabinete son, entre otros aspectos, los puntos más crujientes de un vínculo cada vez más frío. Distante.
Sin embargo, nada impacta tanto en la convivencia entre el socio fundador del modelo y el heredero del cordobesismo como la relación del peronismo cordobés con el PJ nacional. Llaryora siempre fue crítico del aislamiento y las intermitencias que tuvieron con la cúpula del partido desde Córdoba sus antecesores De la Sota y Schiaretti; y es por ello que, aún en un contexto de rédito político como el que está teniendo el presidente Javier Milei, el cordobés piensa que hay que explorar un acuerdo nacional del peronismo.
Schiaretti cree todo lo contrario. Sabe que empujar al cordobesismo a ese esquema es atarlo al kirchnerismo y, sobre todo, al peor enemigo del exgobernador: Sergio Tomás Massa. El hombre de Tigre que siguió de cerca el encuentro en San José 1111 entre Cristina Kirchner y Miguel Pichetto y que alimenta el sueño presidencial del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.
Quizá, no sólo como un consejero espiritual en el convulsionado PJ bonaerense, sino también como un mediador que propone opciones. Incluso, la de una compañera de fórmula nacional para Kicillof como la diputada cordobesa Natalia de la Sota.
El plan de Massa dentro de ese esquema es ir por lo que él cree más seguro que es la pelea en la provincia de Buenos Aires y llegar a la gobernación.
Los cordobeses no están ajenos a estas conversaciones. Por esto la peronización de la gestión que mostró Llaryora en los últimos meses. Primero con la intervención en la Capital y el OK a Miguel Siciliano y Marcelo Rodio; ahora con el arribo de intendentes a la Provincia y cuyo estreno se produjo el viernes con el desembarco de uno de los más críticos acerca de la falta de peronismo en el Gobierno: el hombre de Alta Gracia, Marcos Torres.
Además, en una cartera siempre sensible, aún más en este contexto, como es el ministerio de Desarrollo Social.

Los alcaldes creen que esto puede ser una señal de cambio en la convivencia entre la Provincia y los intendentes. Dos situaciones sirven para graficar lo que ocurrió desde 2023 a la fecha: se hartaron de los maltratos de un ministro y hay un intendente cuyo pueblo celebró una buena cantidad de años y le pidió un saludo por video de WhatsApp al gobernador. Todavía está esperando.
De todas maneras, el intendentismo PJ trae otras consecuencias. En primer lugar, choca con la idea de Schiaretti de potenciar Provincias Unidas como una tercera vía. Dicen que, en los últimos días, a Llaryora se le escuchó decir que “Provincias Unidas le sirve a Pullaro, a mí no”. Casi poniendo una fecha de vencimiento a ese armado lavadito de peronismo, radicalismo y socialismo que quiere Schiaretti. Pero también hace ruido en la Vieja Guardia los casilleros que se liberan a intendentes porque se hacen sin resolver las internas que se desataron desde el 2023 en varios departamentos del interior.
Y, lo que es peor para el schiarettismo, en el último cambio del gabinete el golpe cayó sobre la botonera de ese sector del cordobesismo. Casi como exponiendo qué parte de los funcionarios no funcionan.
Quizá por todo esto, un viejo conocedor de la política local reconoce un contacto entre Schiaretti y el asesor presidencial Santiago Caputo. Otro afectado por una interna dentro de su gobierno, pero a la vez un hombre que reconoce en el peronismo dirigentes de peso para garantizar gobernabilidad hacia adelante.
Además, Caputo desprecia al radicalismo, tiene animadversión por Luis Juez -blanco predilecto de Las Fuerzas del Cielo en redes- y está dispuesto a hacer cualquier cosa por resistir el fuego cruzado de Karina.
Entre los tantos conflictos de Caputo con la Hermana están las diferencias sobre qué hacer con Córdoba, se sabe que Karina y los Menem quieren ganar en 2027; y quién completa el segundo casillero del binomio presidencial en busca de la ‘re’. Karina quiere a Martín Menem como sea, mientras que Patricia Bullrich muscula con eficiencia en el Senado y el mendocino Alfredo Cornejo juega su partido. Por las dudas, con la idea de sacar provecho del malestar en el cordobesismo, cuentan que Santiago empuja la ficha de Schiaretti.
Incluso, no sólo por el efecto en Córdoba, sino también como un movimiento de reacción a la foto de unidad PJ que salió pidiendo Pichetto después de reunirse con CFK.
¿Será cierto que Caputo ya mandó al ministro Lugones a reunirse con un empresario cordobés que está enemistado con Llaryora, pero no con Schiaretti? Dicen, por ahí son cuentos de dinosaurios… y en la fauna del cordobesismo therian todo puede pasar.


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