Schiaretti, inquieto por lo amplio que se muestra Llaryora en el tablero nacional

Al exgobernador no lo deja tranquilo la amplitud de terminales que su sucesor explora en el escenario nacional 2027. Pero, además, cuáles son las inquietudes puertas adentro del armado provincial que tiene el socio fundador del cordobesismo, claves para negociar los votos en el Congreso por la reforma electoral.
Política17 de mayo de 2026Gabriel SilvaGabriel Silva
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¿En qué anda Schiaretti? Es una reiterada pregunta que se hace buena parte del arco político en Córdoba por el marcado bajo perfil del exgobernador que se entiende bajo el viejo axioma del peronismo mediterráneo que reza que ‘el que gobierna conduce’.

Sin embargo, existe una serie de incomodidades en el actual diputado nacional y en su entorno por lo que está ocurriendo con el presente político del modelo que él y José Manuel de la Sota supieron tejer.

Desavenencias que van desde la ruptura del bipartidismo que originó el gobernador Martín Llaryora con la construcción del Partido Cordobés y la destrucción del loteo que reinaba entre el PJ y la UCR en otros tiempos; hasta la cantidad de terminales y escenarios que el heredero del cordobesismo baraja en el escenario nacional 2027 o incluso, las vocerías de la gestión actual que recaen en tres funcionarios de marcado distanciamiento con el schiarettismo: Miguel Siciliano, Juan Pablo Quinteros y Liliana Montero.

Sobre todo, el caso de los dos últimos. Hay funcionarios y legisladores que no se olvidan de la serie de denuncias que tanto el ministro de Seguridad como la funcionaria de Salud impulsaron en otras épocas en contra de Schiaretti y su entorno y no van a permitir que pase una candidatura expectable de alguno de ellos en el futuro, como tampoco toleran el protagonismo de ellos en el presente.

De manera tal que, como la política se mide en gestos, la decisión -casi inédita- de Alejandra Vigo de participar en la marcha universitaria marca que la senadora está decidida a retener su banca en el 2027. Por si alguno lo pone en duda.

Y esto, puertas adentro del peronismo cordobés, es una bomba de tiempo.

Pero no a futuro; en lo inmediato. Porque el comando del Congreso lo ejerce el schiarettismo con las bancas en la Cámara baja, donde una precisamente la ocupa el exgobernador, y la del Senado con Vigo. Lugares trascendentes para la discusión que se viene por la reforma electoral y en una negociación que no es lineal, directa o aislada entre Llaryora y los Milei.

Sino que el peso de la línea fundadora del PJ cordobesista tendrá que una clara incidencia. 

Ahí, las dudas de Schiaretti por quiénes o cuáles son las apuestas de Llaryora en la contienda nacional del año próximo.

schiaretti casco

Hay otras cosas que no tienen tranquilo al exgobernador. Los movimientos en la Justicia, este medio ya los contó hace unos meses; también la faz política y el liderazgo desordenado de Llaryora.

Sabe el exmandatario que, por lo bajo, hay enojo de los intendentes que dejaron sus pueblos para sumarse al gabinete con alguna promesa a futuro que les genera más dudas que desenlaces previsibles. Por caso, un intendente que liberó una disputa en su departamento salió del territorio y se quejó, con más de un confidente, que llegó al Panal y no tiene recursos para hacer política por el recorte que impulsó y promocionó Llaryora.

Un mal que, probablemente, también sientan otros intendentes que debieron mudarse a la Ciudad.

Así, el cocktail entre lo local y lo nacional por ahora es un trago que no agrada. Y con respecto a lo segundo, el tablero argento, un schiarettista paladar negro dijo en los últimos días algo que sirve para marcar la incongruencia: “’El Gringo’ era anti K y cuando tuvo que acordar con Macri lo hizo porque le redituaba. Pero con el PJ nacional tuvo siempre la misma visión; Martín no. No es claro en eso”.

Y es la amplitud por la que en el schiarettismo sospechan de la reacción del Círculo Rojo hacia el cordobesismo desde el 2023 a la fecha. Creen los schiarettistas que el empresariado local ha tenido motivos para enojarse con los operadores del llaryorismo.

Una radiografía compleja que marca mayores malestares que coincidencias entre dos generaciones obligadas a un acuerdo para no poner en riesgo una continuidad. Necesaria para todos, más allá de la franja etaria o línea del peronismo a la que se pertenezca.  

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