
La novela del tránsito esconde el hartazgo de Llaryora con Passerini y la vieja receta: enfrentar al Suoem
Gabriel Silva
La decisión del gobernador Martín Llaryora de apurar el traspaso del área de tránsito para algunas ocasiones de la órbita municipal a la Policía esconde tres grandes factores: el hartazgo del gobernador para con la gestión del intendente Daniel Passerini, la vieja receta de confrontar con el Suoem y, por último, levantar, como sea, los números de Llaryora en la capital.
Situación que se concretó después de varios amagues y cuya intervención se tradujo de la mano del ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros. Mismo autor intelectual de la anterior maniobra de desembarco llaryorista en la gestión passerinista: el fin de los naranjitas y el inicio de los constatadores.
Quinteros tiene claro que hay una porción importante de la sociedad que pide “orden”. No sólo en Córdoba, a nivel nacional y el ejemplo que basta para cotejar la sensación del extrapartidario del cordobesismo fue la conferencia de prensa de hace unos días del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri.
La palabra “orden” se leyó bien clara y de manera reiterada en la gráfica que acompañó al alcalde de Caba.
Este reclamo, además de Quinteros, en Córdoba lo tiene incorporado Llaryora. Que se enteró el sábado pasado por la noche la decisión de los inspectores municipales del Suoem de no prestar servicio el domingo de clásico entre Talleres y Belgrano por un reclamo.
El primer contacto fue entre la cúpula de la Policía y Quinteros para anoticiar al ministro; el segundo, entre el integrante del gabinete llaryorista y el secretario de Gobierno municipal, Rodrigo Fernández. De ahí en más, Quinteros se manejó directamente con Llaryora y Passerini y comenzó la intervención por arriba.

Estaba en juego, ni más ni menos que una de las pocas botoneras que le queda al gremio conducido por Rubén Daniele después del paso de Llaryora por el Municipio cuando le achicó el poder de fuego administrativo.
La operación reencuentro entre dos enemigos íntimos estaba en marcha: una pelea que siempre reditúa de manera efectiva para los molinos de ambos, tanto de Llaryora como de Daniele. Guerra que, como todas, se sabe cuándo empieza no cuándo termina; y mucho menos con qué saldo.
Así se concretó la intervención al Municipio. Por más que en el Palacio 6 de Julio lo quieran disimular, es insoslayable que hay mano del llaryorismo en las distintas capas de la administración y es una respuesta a un envío reiterado de recomendaciones.
El año pasado, Llaryora recomendó la llegada del actual jefe de Gabinete provincial, Manuel Calvo, y la iniciativa fue rechazada por Passerini. Al igual que sucedió con el ministro de Vinculación, Miguel Siciliano. Ninguno de los dos pudo romper el blindaje hasta que el llaryorismo le rodeó la manzana a Passerini y arranca la otra etapa: la de los recursos.
En el Municipio nadie ignora los problemas financieros y las dificultades para afrontar vencimientos, además de salarios. Ese inconveniente se resuelve a partir de los frutos que arroje el diálogo entre Llaryora y Passerini, a quien los condicionamientos se le vuelven como un boomerang y el efecto tenaza -entre El Panal y el gremio- se empieza a sentir.


Gvozdenovich reunió la tropa UCR y hay fecha para el congreso radical

Bugliotti, Avilés y Llaryora: el triángulo político en disputa detrás de las 94 hectáreas protegidas de Carlos Paz

#InfoBlindada: Arduh, la Defensoría del Pueblo y el enojo de algunos con Pastore



