Juez vs. De Loredo: ¿tensión calculada o ruptura antes de 2027?

La interna radical ordenó la UCR, pero reabrió la pulseada entre Luis Juez y Rodrigo de Loredo. Detrás de los reproches por "vanidad" se define quién encabeza la alianza opositora de 2027 y quién condiciona el vínculo con La Libertad Avanza.
Política30 de septiembre de 2026Andy FerreyraAndy Ferreyra
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La calma le duró a la oposición cordobesa lo que tarda en enfriarse un festejo. Apenas la UCR cerró su interna con el triunfo del sector de De Loredo, el radical leyó el resultado como una victoria sobre el peronismo y propuso una interna o una encuesta para definir candidato. Juez respondió con el reproche que más pesa en política: "Esos excesos de vanidad son jodidos". Matías Gvozdenovich, presidente del partido, salió a blindar a su referente y planteó que la propuesta es de todos los radicales, no de uno solo.

El detonante fue una frase. De Loredo aseguró que puede darle al Gobierno nacional "un triunfo de más de 55 puntos" en Córdoba, y que es el único en condiciones de hacerlo. Juez lo desarmó con ironía: "Yo también me autopercibo Brad Pitt, pero no lo soy". Más que un cálculo electoral, la cifra funciona como marcación de territorio. El mensaje no se dirige solo al votante: llega a la Casa Rosada y a Gabriel Bornoroni, y busca instalar que el candidato del mileísmo en Córdoba puede ser un radical.

Por eso la respuesta de Juez importa menos por el tono que por la jugada. En Río Tercero nombró a Bornoroni como socio y omitió a De Loredo. Se negó a bajarse de la carrera a gobernador y ratificó que espera definiciones hasta el último día. Una lectura posible es que, si Juez se consolida como el interlocutor preferido de los libertarios, De Loredo pierde su principal carta de negociación: ser el radical que Milei necesita. No hay declaración pública que pruebe ese propósito. Sí hay una conducta que produce ese efecto, y esa distinción conviene mantenerla.

Del lado de De Loredo, la lectura es simétrica. Fuentes cercanas al radical perciben que Juez ajusta el tono según el lugar que le asigna al radicalismo en el armado libertario: lo modera cuando descarta que De Loredo pueda resultar útil a La Libertad Avanza y lo endurece cuando esa posibilidad reaparece.

Además, registran que el senador es hoy quien más desgaste de imagen acumula dentro del arco opositor, un dato que en la mesa de negociación pesa más que cualquier gesto de cortesía. Aun así, De Loredo evita el portazo. Prefiere reunirse con Juez antes que alimentar una ruptura, porque su verdadero rival, en su evaluación, es Bornoroni, una figura con mayor conocimiento y una marca competitiva.

El vínculo entre ambos es de deudas cruzadas. En 2023 De Loredo se corrió para acompañar a Juez, y hoy lo recuerda como un gesto que le da legitimidad para reclamar reglas claras. Juez, por su parte, sostiene que ya esperó al radical una vez y que no se dejará apurar. Cada uno reclama del otro una cortesía que ya cree haber pagado.

El reparto de poder explica por qué ninguno puede imponer condiciones. Juez aporta nombre propio, experiencia y una relación directa con el Gobierno nacional. De Loredo tiene la estructura territorial: intendentes, legisladores departamentales y un partido reordenado a su alrededor, aunque sin cargo público. Bornoroni suma la marca libertaria y el bloque en Diputados, pero, según el propio De Loredo, todavía no alcanzó un nivel de conocimiento competitivo. Cada uno tiene lo que le falta a los otros, y ese equilibrio vuelve indispensable la negociación y costosa la ruptura.

¿Estiran hasta casi romper y luego unificarse? Los datos sugieren una tensión calculada más que una ruptura decidida. Quien cede primero pierde posición, y ambos lo saben. Juez llegó a insinuar que la UCR podría ir sola si tensa demasiado. De Loredo ofreció método, pero todavía no recibió respuesta. Sin embargo, una elección de tercios es el escenario que más favorece al oficialismo, y ninguno de los dos puede permitírselo. El riesgo es que la retórica se endurezca más rápido que la negociación, y que los dirigentes de base, con intereses locales propios, obliguen a definir antes de tiempo.

Ahí entra el oficialismo. De Loredo acusa a la vicegobernadora Myrian Prunotto de intentar influir en la interna radical para evitar un frente opositor. El legislador peronista Facundo Torres se sumó al cruce entre Gvozdenovich y Juez para ironizar sobre la UCR. Y Llaryora conserva la potestad de fijar la fecha de la elección, un margen que Juez mismo criticó.

La reunión entre el senador y el gobernador, que De Loredo calificó de “rara”, no altera por sí sola el rumbo, pero alimenta la desconfianza. Cada chicana pública refuerza el relato peronista de una oposición fragmentada. La influencia del oficialismo es real, aunque difícil de medir.

En definitiva, la disputa no gira sobre el pasado sino sobre quién fija los términos: cuánto espacio tendrá La Libertad Avanza, y quién encabeza la alianza. Es improbable que la pulseada termine en divorcio antes de que existan reglas de juego. El verdadero punto de quiebre será el método de selección, interna o encuesta, y quién acepte primero someterse a él.

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