
De Loredo entra en modo construcción: depuración partidaria, gira territorial y ofensiva en redes
Andy Ferreyra
Superada la disputa interna, la Unión Cívica Radical de Córdoba entra en una fase distinta. Ya no se trata de discutir el liderazgo de Rodrigo De Loredo dentro del partido, sino de administrar el capital político acumulado tras el triunfo territorial que consolidó a Miguel Nicolás al frente del Comité Capital y a Matías Gvozdenovich como titular del Comité Provincia. El desafío ahora pasa por traducir ese control orgánico en proyección electoral de cara a 2027.
La estrategia se despliega en dos frentes paralelos. Por un lado, Gvozdenovich queda a cargo de la tarea estrictamente partidaria: la conducción radical prevé avanzar con expulsiones pendientes, el envío de casos al Tribunal de Disciplina, entre otras acciones que se presentarán en el acto de asunción formal el próximo martes en la Casa Radical.
El objetivo declarado del sector es endurecer la postura contra dirigentes que mantuvieron cercanía con el peronismo provincial y quienes se acercaron a La Libertad Avanza sin el aval partidario, en una continuidad de la línea de "desperonización" que definió buena parte de la campaña interna.
Por otro lado, De Loredo concentrará sus esfuerzos en el crecimiento de su propia figura pública. En paralelo a la puesta en marcha de nuevos departamentos partidarios que Gvozdenovich deberá inaugurar antes de fin de año, el radical arranca ya mismo una campaña de comunicación en redes sociales y una gira territorial que lo acompañará en cada uno de esos actos, pero con anuncios propios que exceden lo estrictamente partidario y apuntan a la construcción de un armado más amplio.
El calendario de movimientos, sin embargo, aparece calculado. La lectura interna del radicalismo es que hasta diciembre no conviene forzar definiciones y que la prioridad es leer el contexto nacional, en particular la evolución de la imagen de Javier Milei, antes de asumir compromisos concretos con Casa Rosada o con los otros espacios opositores.
Los datos de imagen disponibles alimentan esa cautela. Según relevamientos difundidos públicamente, Martín Llaryora mantiene una imagen positiva cercana al 50%, mientras que Milei exhibe en Córdoba un diferencial negativo (46% positivo contra 48% negativo). En ese marco, la lectura que circula en el entorno de De Loredo es que Juez arrastra un desgaste consolidado pese a un núcleo duro estable, y que Bornoroni, pese a un piso de conocimiento público más alto por su rol nacional, no logró capitalizar ese posicionamiento tras las elecciones de medio término con crecimiento de imagen propia, en parte por la demanda de tiempo que le exige su banca en Diputados.
El otro condicionante del tablero es la situación del oficialismo provincial. Llaryora enfrenta restricciones fiscales que limitan su margen para administrar la fecha de las elecciones y una presión cruzada del peronismo nacional, con tensiones que datan de compromisos incumplidos en la relación con Sergio Massa.
Esa combinación de estrechez financiera y fragmentación interna del PJ cordobés es leída por el radicalismo como una ventana de oportunidad, siempre que la oposición logre evitar la dispersión de candidaturas que en elecciones anteriores restó puntos decisivos a un electorado con alta demanda de cambio.
Sobre esa base se apoya la apuesta de mediano plazo: un frente amplio que reúna a la UCR, La Libertad Avanza y el Frente Cívico, con gestos ya visibles hacia Aurelio García Elorrio y una negociación con el espacio libertario que, aunque no confirmada formalmente, aparece como la variante con mayor consenso interno. La discusión sobre quién encabezaría esa oferta (De Loredo o Bornoroni, y más atrás, Juez) sigue abierta, aunque el radicalismo confía en que las encuestas terminen inclinando la balanza a su favor.
El resultado de esa pulseada se dirimirá en los próximos meses, en paralelo a los cambios partidarios que la UCR pondrá en marcha y a la exposición pública que De Loredo empieza a construir. La combinación de ambos procesos –partidario/territorial y personal- funciona como la hoja de ruta con la que el radicalismo cordobés busca llegar fortalecido a la definición de la candidatura a la Gobernación en 2027.




De Loredo entra en modo construcción: depuración partidaria, gira territorial y ofensiva en redes



